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Periódico Digital de la historia de lo inmediato

La creciente tensión entre Estados Unidos y China por el dominio de la Inteligencia Artificial (IA) configura una nueva versión de la Guerra Fría. En este escenario inédito, los consorcios informáticos buscan establecer mecanismos de control para frenar a sus contrapartes, advirtió Mario Cruz Cruz, experto en geopolítica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Frente a los pronósticos que sugieren un inminente desplazamiento de la potencia norteamericana por parte de la nación oriental, el docente universitario enfatizó que el panorama es mucho más complejo. Detalló que existen cuatro pilares estratégicos donde Washington mantiene una clara hegemonía: el avance científico ininterrumpido, el despliegue militar a escala planetaria, el peso histórico en organismos multilaterales y la profunda influencia cultural de occidente.

No obstante, la reciente intervención de líderes de gigantes del sector en la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) revela un cambio de paradigma estructural. Las empresas intentan moldear las normativas globales, no solo para regular la herramienta, sino para impedir el surgimiento de competidores emergentes y proteger sus propios intereses comerciales bajo el pretexto de la seguridad colectiva.

“La competencia mundial ya no se limita al control de los recursos naturales o territoriales, sino que exige asegurar la soberanía digital y tecnológica”, explicó el académico. Por ello, la incursión de la iniciativa privada en foros diplomáticos representa una maniobra para dictar las directrices de este campo, condicionar a otros actores y concentrar el poder económico en un bloque reducido.

Ante este complejo escenario global, Cruz Cruz hizo hincapié en que los países en vías de desarrollo, como México, deben abandonar el rol de simples consumidores de licencias y plataformas extranjeras. El gran reto contemporáneo radica en invertir en educación, ciencia e infraestructura para formar talento humano capaz de producir innovación propia.

Solo mediante este salto cualitativo, concluyó el investigador de la máxima casa de estudios, será posible construir un sistema de contrapesos efectivo y evitar una nueva forma de subordinación, garantizando que el futuro de la Inteligencia Artificial responda también a las necesidades de la región y no únicamente a una visión hegemónica.








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